La huella de San Nicolás en la industria automotriz: el rol clave de RYCSA en la fabricación de autos nacionales

La pick up Gauchito, basada en el sedán Gilda. (Archivo General de la Nación)
La pick up Gauchito, basada en el sedán Gilda. (Archivo General de la Nación)

Por Walter Alvarez

La historia del trabajo y la producción en nuestra región guarda capítulos fundamentales que marcaron el rumbo del país. Hacia mediados de la década de 1950, la ciudad formó parte de un ambicioso circuito metalmecánico que buscó abastecer de vehículos a las familias y trabajadores argentinos. Aunque el ensamblaje final se realizaba en la localidad de Caseros, la fábrica de autos de RYCSA tuvo en San Nicolás un eslabón insustituible para la fundición de acero y la laminación de perfiles, aportando la materia prima pesada que luego dio vida a modelos emblemáticos como el sedán Gilda, la pick up Gauchito y el pequeño Mitzi B40.

El imperio industrial de Rosati y Cristófaro y la integración productiva

La empresa Rosati y Cristófaro Industrias Metalúrgicas S.A. (RYCSA) nació formalmente en 1926 de la mano de Santo Rosati y Francisco Cristófaro. Con el paso de los años consolidó una estructura con más de 70.000 metros cuadrados cubiertos repartidos en cuatro sedes: San Nicolás, Arrecifes, Caseros y Quilmes. A comienzos de los años cincuenta, la firma logró un esquema de integración nacional vertical casi inédito: extraía el mineral de hierro de los yacimientos en Altos Hornos Zapla en la provincia de Jujuy, lo transportaba en tren hacia nuestra costa y lo transformaba en insumos estratégicos para maquinaria pesada, calderas, puentes grúa y vehículos de transporte.

El papel estratégico de la planta de RYCSA en San Nicolás

En este engranaje productivo, la planta de RYCSA en San Nicolás funcionaba como un centro metalúrgico e industrial pesado enfocado en la laminación de perfiles estructurales y la fundición de acero. Gracias a su ubicación estratégica a la vera del arroyo Ramallo y conectada a la red ferroviaria, la planta nicoleña recibía el mineral norteño y elaboraba las bases siderúrgicas primarias. Este material básico se despachaba luego al resto de las sedes: la fundición abastecía a la planta de Arrecifes para los bloques de motor, mientras que los talleres de IMEMA en Caseros —donde trabajaban 1.500 operarios— y las instalaciones de Quilmes se encargaban del mecanizado fino, el carrozado y el armado final de los automóviles. 

El desarrollo del Mitzi, el Gilda y la camioneta Gauchito


El sedán Gilda, con un motor de 55 caballos, y desarrollo totalmente argentino. (Archivo General de la Nación)

La incursión en la fabricación de vehículos estuvo a cargo del ingeniero turinés Juan Rossi, quien proyectó unidades pensadas para las necesidades concretas de los caminos argentinos. Para el uso urbano y el tránsito porteño, RYCSA acordó una licencia con la firma italiana SIATA para producir el Mitzi B40, un vehículo de 3,1 metros de largo, 420 kilos de peso, techo de lona plegable y un motor de dos tiempos de 12 caballos de fuerza capaz de alcanzar los 85 km/h. En paralelo, para la media y larga distancia en rutas no pavimentadas, la compañía desarrolló íntegramente en el país dos modelos sobre una misma plataforma: el sedán de dos puertas S 500 Gilda (nombre elegido en honor a la esposa de Rosati) y la camioneta utilitaria C 500 Gauchito, ambos equipados con un motor nacional M 504 V de cuatro cilindros en V de 1.792 centímetros cúbicos de cilindrada. El Gilda estaba equipado con un motor de 1792 cc y cuatro cilindros en V de diseño local.


El Mitzi B-40

Presentación en Diagonal Norte y el impacto del cambio económico

El 26 de enero de 1956, los prototipos del Mitzi, el Gilda, el Gauchito y el tractor rural T2-40 fueron presentados formalmente en el Salón de Exposiciones del edificio de YPF en la avenida Diagonal Norte de la Ciudad de Buenos Aires, tras pruebas previas en el autódromo capitalino. La meta de la compañía contemplaba fabricar 2.500 unidades en su primer año y escalar a 10.000 vehículos anuales. Sin embargo, el golpe de Estado de septiembre de 1955 y las medidas económicas de la denominada Revolución Libertadora recortaron drásticamente las líneas de crédito para la industria pesada nacional. Privada de financiamiento bancario para sostener la línea de montaje en serie, la producción automotriz se detuvo tras la salida de unas pocas decenas de unidades de prueba, dejando como legado un testimonio del potencial técnico y del trabajo articulado desde el norte bonaerense.


La huella de San Nicolás en la industria automotriz: el rol clave de RYCSA en la fabricación de autos nacionales
La presentación del Mitzi en sociedad, en el salón de YPF (Archivo General de la Nación)

RYCSA continuó en actividad con sus restantes ramas metalúrgicas, llegando a producir miles de toneladas anuales de hierro para la construcción, hasta que ingresó en convocatoria de acreedores en 1977 y se disolvió en 1978 tras el fallecimiento de Santo Rosati. La aventura automotriz quedó como un testimonio del potencial industrial que supo articular el trabajo nicoleño con la ingeniería aplicada del país.

Las huellas de un pasado olvidado




En el lugar existía, desde la primera mitad del siglo XX, una pequeña obra hidráulica destinada a regular las aguas del arroyo Ramallo, una represa que con el paso de los años sufrió diversos daños como consecuencia de las crecidas y las inundaciones. Por su parte, la empresa RYCSA durante su período de mayor actividad, aprovechó las características del entorno ribereño del arroyo para desarrollar parte de sus actividades. Con el paso del tiempo, y la fábrica cerrada, el sector pasó a ser conocido popularmente como el balneario o la zona de La RyCSA y, tras posteriores tareas de puesta en valor, junto con la conservación de estructuras de contención y sectores de cemento vinculados a los antiguos saltos de agua, el lugar se transformó en un paseo público y balneario costero. Hoy, el paisaje no conserva ningún vestigio de la vieja fábrica, cuyas ruinas se conservaban hasta no hace mucho tiempo. Sin embargo, la fábrica permanece estrechamente ligada a la memoria colectiva del lugar.

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