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| Ricardo Luis Beiró con su canoa en la Bajada de Botto. Foto: Esteban “Colo “ Cossi |
Por Javier Tisera
La Cooperativa de Pescadores de San Nicolás tiene su origen en Ricardo Beiró y la lucha por el trabajo digno en el río. Su historia está ligada al río, a la pesca y a una lucha que durante años pareció imposible. Desde las marchas por la Bajada de Botto hasta la creación de la Cooperativa de Pescadores, su perseverancia dejó una huella que hoy continúa en sus hijos y en los hombres y mujeres de la costa.
Conocimos a Ricardo Luis Beiró encabezando una marcha hacia el municipio en reclamo del galpón de pesca de la Bajada de Botto, en Ponce de León y el río. Siempre amable, de pocas palabras, pero entendiendo que los periodistas éramos necesarios para visibilizar la causa de los pescadores.
Y en esos pasos rebeldes, desde el sur hacia el Palacio Municipal de los patrones nicoleños, por calle Rivadavia, descubrimos que había nacido en Avellaneda y que había trabajado como capataz portuario en el Riachuelo. También supimos que, a raíz de un disparo de arma de fuego durante un asalto, debió jubilarse anticipadamente. A los 30 años emprendió el camino hacia San Nicolás, donde tenía algunos familiares.
La Bajada de Botto tenía para él un significado especial. Cuando conoció a quien sería la mujer de su vida, se fueron a vivir a una de las cuevas que existían a orillas del río, en ese mismo lugar. Allí aprendió el oficio de pescador junto a los familiares de su mujer, los Carvallo. Y aparecieron nombres entrañables como los Godoy, Tono Zárate, Tito Cantune y el Chueco Cavani.
Beiró comenzó a entregar pescado a los palanqueros, una actividad que le permitió criar a sus hijos y empezar a vivir un poco más desahogado. Con el tiempo, y a fuerza de remo y de vender pescado al acopiador García, logró levantar un ranchito en el Martín Chico.
Con las entregas de pescado y la venta a particulares, Beiró observó que los intermediarios crecían, mientras los pescadores seguían en el mismo lugar. Los acopiadores habían comenzado con una camioneta blanca y destartalada y, con el tiempo, levantaban frigoríficos; los pescadores, en cambio, continuaban en el mismo río y con la necesidad pegada a la piel.
La lucha por un lugar para los pescadores
Los acopiadores crecían porque compraban en cantidad y podían revender a mejor precio. Beiró insistía en la necesidad de formar una cooperativa, pero, en realidad, nadie lo acompañaba. Siempre estaba solo. Por aquellos años también se hablaba de mejorar la Bajada de Ponce de León.
En 1995, Acindar compró la planta de Bonelli y, con la ambición de expandirse, reclamó la Bajada de Botto, argumentando que había sido adquirida anteriormente. Comenzaron entonces los reclamos sobre las casas que estaban ubicadas en la Bajada. Algunos vecinos, que habían construido nuevas viviendas, decidieron irse para evitar el conflicto. Pero Beiró se quedó: allí tenía su ranchada.
Cinco años después, accedió a una casa mediante un crédito del Banco Hipotecario. Pero el alma costera no puede vivir lejos del agua. Por eso no se fue demasiado lejos y se instaló a apenas seis cuadras, sobre calle Cernadas. La cuestión de la Bajada se había resuelto, pero el fantasma de la cooperativa seguía sobrevolando el sueño de Beiró.
Comenzaron entonces los reclamos y las marchas, que se prolongaron durante más de cuatro años, hasta que lograron torcerle el brazo a Acindar y a sus «socios» municipales. Finalmente, los pescadores consiguieron el galpón de Artes de Pesca.
La empresa metalúrgica se quedó con el terreno para utilizarlo como playa de stock y estacionamiento de camiones. A raíz de ello, se mejoraron el camino y la Bajada, y se amplió el galpón. Beiró vio cómo sus compañeros de lucha iban muriendo y, lejos de abandonar, se empecinó todavía más en la pelea por la conformación de la cooperativa.
Una cooperativa que sigue viva
En marzo de 2023, Ricardo Luis Beiró se fue remando hacia un cielo de mansas aguas, con la cooperativa finalmente en marcha. Lo despidieron sus hijos, agradecidos por su lucha, y también los hijos de aquellos compañeros que no llegaron a ver el galpón con sus exhibidores de pescado.
Pero la idea y el deseo de Beiró continúan en sus hijos y en los hombres y mujeres de la costa. Hoy, el galpón está abierto para los nicoleños que buscan pescado.
La Cooperativa de Pescadores abre sus puertas a las 8 de la mañana y funciona hasta las 13. Por la tarde, vuelve a atender desde las 15 hasta las 20. De lunes a viernes siempre hay pescadores y amigos encargados de la atención. Los sábados funciona de 8 a 17, mientras que los domingos abre desde las 8 hasta el mediodía.

